Menú Cerrar

Propuesta de análisis para una investigación en filosofía aplicada a la enfermería

José Luis Aguilar Martínez

Universidad Oparin

joseluis@cienciayfilosofia.org

Resumen.

Se propone una didáctica metodológica para abordar temas de filosofía y su aplicación en la fundamentación en la filosofía de la enfermería y sus principales enfoques.  

Palabras claves: Metodología, Sincrónico, Diacrónico, Filosofía, Enfermería.

Abstract.

A methodological didactic is proposed to address philosophy issues and their application in the foundation in nursing philosophy and its main approaches.

Keywords: Methology, Synchronous, Diachronic, Philosophy, Nursing.

Versión PDF ///// Versión HTML ///// Versión MP3 ///// ESQUEMA

1. Relación Filosofía-Ciencia.

            La filosofía, dice García Morente (2000, 124), alguna vez fue un gran imperio del saber que al cavo del tiempo sus provincias se revelaron hasta convertirse en comarcas con autonomía e independencia propia. Aunque esta afirmación solo evoque una analogía que hace referencia del todo a las partes, lo importante en ella es acercarse a desvelar un sentido genuino del concepto de filosofía.

            Para un nivel de entrenamiento en la lectura y en la escritura escolar es suficiente repetir conceptos que han estado vigentes, como es el caso de las etimologías, que son de alguna manera las huellas originarias de la formación de un concepto como lo es el de la filosofía, compuesta por dos raíces griegas: philia y sophia, que evocan una actitud de filiación al saber, al conocer y al entender, es decir, una actitud de apertura que implica superar el sentido común.

            Sin embargo, si se prefiere dar cuenta de la fundamentación u origen de un saber determinado, es preciso trascender la repetición de los conceptos y enfrentarse a la diversidad de posturas que enriquecen los debates intelectuales al interior de una disciplina determinada. En el caso de la filosofía, una definición nominal es insuficiente para abarcar la totalidad de saberes que corresponden al desarrollo evolutivo a través de la historia de las ideas de origen occidental o europeo.

            Una definición nominal acerca de la filosofía sería, que se entiende por filosofía la ciencia que trata de la esencia, propiedades, causas y efectos  de las causas naturales (Leddy & Mae, 1989: 34). No obstante, esta definición nominal también es parcial puesto que corresponde y está sujeta a una época determinada de valoración histórica conforme a fines de usos de conceptos específicos, que al cabo del tiempo se convierten en obstáculos epistemológicos para definir nuevas prácticas de conocimiento y de escritura fundamentalmente académica.

            En cambio, ha resultado conveniente definir a la filosofía en su totalidad y comunicabilidad con otros saberes o disciplinas de carácter científico. En este sentido, lo que es propio de la filosofía son sus disciplinas: ontología, epistemología, lógica, axiología y estética.

            Conforme a esta división originaria, las ciencias particulares, mantienen su comunicabilidad con la filosofía, reconociendo su deuda a nivel de la fundamentación teórica (Echeverría, 1998: 63 ss), así como admitir el servicio que presta la filosofía para conformar métodos validados por la ciencia (Corman et al, 1990: 26 ss).

            La filosofía, a través de sus disciplinas conforma una unidad totalizadora, que no es lo mismo que una actitud totalizante que impone una visión única sobre el mundo y las prácticas sociales como lo propone la religión.

            En la visión totalizadora, la filosofía establece sus regiones: ser, conocer, argumentar, valer y sentir o lo que es lo mismo, la región de la ontología, la región de la epistemología, la región de la lógica, la región de los valores y la región de la estética. Todo unido constituye la totalidad, de lo que puede ser y no ser, de lo que se puede conocer, argumentar, valer y sentir en la experiencia no solamente sensible sino también simbólica.

            Hasta ahora, la totalidad se comprende dividida en cinco región: el de la existencia; del conocer esa existencia; la región de la coherencia lógica del ser y del pensar, así como la región del valorar y conformar el sentido de la totalidad en cuento experiencias sensibles o vivenciales.

            A nivel de comunicabilidad de la filosofía con las ciencias particulares, es decir, ciencias que no tratan sobre la totalidad, se conforman la relación filosofía–ciencia que se refiere a nivel de la investigación: mientras que la filosofía investiga de manera metódica y sistemática las causas de los fenómenos con orientación axiológica y teleológica fundamentalmente, la ciencia, en cambio, sólo precisa de la metodología, la sistematización y la evidencia, sin que necesariamente se impliquen valores morales o de otro tipo y menos aún, un sentido de perfección y equilibrio al que aspiran las diversas posturas filosóficas.

            Hay que entender que esta relación no es de competencia, en el sentido de establecer una jerarquía de utilidad e importancia, sino que la ciencia solo adopta una actitud de admisibilidad de seres cognoscibles, es decir, los objetos de conocimiento científicos únicamente deben ser admisibles para el entendimiento. Esto es, lo que no comprende la ciencia en su repertorio de objetos de investigación lo envía a la filosofía para que lo trabaje y lo inadmisible para la ciencia sea conformado o enviado a una región de la filosofía como parte de la colaboración sana entre filosofía y ciencia.

            La salud de la comunicabilidad de la filosofía con la ciencia, se refiere a la región de la ontología y la epistemología.

Uno de los principios que establece la filosofía desde sus orígenes, y que aún se ha mantenido en la tradición científica racionalista, es que no hay ser que no consista, dicho de otra manera: el pensamiento solo capta los seres si consisten, es decir, si se pueden conocer. Si no consisten los seres, no tienen existencia, no por lo menos de manera experimental.

            De este modo, a partir de la ontología y la epistemología surge la ciencia racionalista, que se dedica a someter a crítica los conceptos y categorías que definen una porción de lo real, entendido como principio de explicación.

            En este sentido, la primera disputa que surge en la ciencia, se refiere a la orientación del conocimiento entre racionalistas y empiristas, estos últimos tomaron una actitud desdeñable frente al criticismo racionalista y optaron por cimentar una conducta de conocimiento respecto a los objetos referida a los sentidos y a las vivencias, y no tanto a los conceptos como el racionalismo.

No obstante, frente a esta disputa, no hay actitud racionalista que no reconozca el límite en el empirismo y viceversa: no hay experiencia que no se someta al juicio de la razón crítica que se autoregula en la crítica misma. Por el contrario, la orientación empirista se reduce a los objetos físicos y encuentra su límite en una actitud materialista ingenua (Bachelard: 2009: 10 ss)

            Tanto el racionalismo como el empirismo, han evolucionado a partir de las esferas ontológica y epistemológica. Del empirismo surge el evidencialismo que desarrolla una base estadística y de análisis de datos computacionales; mientras que el racionalismo desarrolla un análisis del imaginario entendido como equilibramiento de la razón con la ensoñación propia de la especie humana. El resultado de esta evolución ha sido una ciencia que camina en cuatro soportes, sin que sea posible la comprensión de lo real desde un solo soporte como lo era ciencia hasta mediados del siglo XX.

            Lo anterior se demuestra a partir del desarrollo del evidencialismo que incursiona en la región axiológica a partir de la estadística para generar datos en la toma de decisiones en políticas públicas. La crítica que surge al respecto, consiste en que el evidencialsimo traza la región ontológica desde una perspectiva del proceso, entendido como una fuerza que mide y modifica a una substancia, masa o animal policromo en su densidad y conducta, es decir, el evidencialismo trabaja con una imagen del mundo susceptible de cuantificación sin atender la naturaleza interna del hombre, como lo hace la ética con los fenómenos morales. Otra crítica, es que el eviencialismo desdeña la región estética, ya que los cálculos cuantitativos no atienden a un ideal de belleza sino a decisiones políticas y económicas pragmáticas frágiles.

            Por tanto, para sistematizar la comunicabilidad de la filosofía con la ciencia se debe adoptar un criterio de asimilación en cuanto que la ciencia camina en un desarrollo evolutivo en cuatro soportes: racionalismo, empirismo, evidencialismo e imaginario, que autores como Morin (1993: 47 ss), han llamado teoría de la complejidad, con el fin de acabar con la concepción de la imagen del mundo que aún existe en las ciencias experimentales.

            Mientras que las ciencias abarcan un caleidoscopio dinámico, la filosofía, en su tarea de aportación y cooperación con las ciencias experimentales y las ciencias sociales, sugieren metodologías asimilables para cada disciplina, sin necesidad de imponer criterios absolutos, sino conforme al desarrollo evolutivo de una disciplina en cuestión, como lo es la enfermería y su larga tradición histórica.

            En este sentido, se propone un método de convergencia, es decir, una actitud sincrónica para el estudio de las regiones de la filosofía (ontología, epistemología, lógica, axiología y estética), respecto de la naturaleza diacrónica de la enfermería y su discurso de autonomización como disciplina con fundamento propio.

2. Sugerencia metodológica.

            Saussure, fue uno de los primero investigadores que propusieron la metodología convergente entre el análisis sincrónico aislado e independiente de las variables experienciales respecto al desarrollo diacrónico e histórico de los fenómenos lingüísticos. Desde entonces, la conjugación de ambas actitudes investigativas ha sido prolifera en varias ramas de las ciencias experimentales y sociales.

            En el caso que nos compete en la fundamentación de la filosofía de la enfermería, adoptar la metodología en cuestión significa retomar las regiones de la filosofía desde un análisis sincrónica y dejar el análisis diacrónica conforme al desarrollo evolutivo de la enfermería, hasta lograr la institucionalidad profesional que la mantiene vigente como disciplina autónoma.

3. Desarrollo diacrónico

            La pertinencia de la metodología en cuestión permite captar la influencia de las regiones ontológica, epistemológica, lógica, ética y estética, -sin que necesariamente confluya- con el desarrollo de la práctica de enfermería y su relación con el hospital y la disciplina médica.

            No hay concepto filosófico que no abreve de una cosmovisión. Entiéndase por cosmovisión el conjunto de creencias religiosas, simbólicas, de poder y económicas. La cosmovisión surge de las relaciones sociales a nivel de las percepciones globales del sentido común. De modo que la cosmovisión es una actitud que no es filosófica ni tampoco científica, no obstante, decide actitudes contrarias y a favor de la vida de las sociedades.

            En este sentido, la filosofía y la ciencia son contrarias a las cosmovisiones en cuanto que someten a crítica el cuerpo de creencias provenientes de la percepción y los sistemas simbólicos heredados de una cultura determinada que surge en el tiempo.

            Comencemos el análisis con tres modelos de culturación epistémica: el modelo alemán, el modelo francés y el modelo anglosajón. 

            El filósofo alemán Max Stirner  (2014: 61 ss) combatió la cosmovisión judeo-cristiana de su época al proponer un análisis histórico filosófico desde una epistemología anarquista, es decir, independiente del desarrollo de las políticas públicas. Al respecto, propuso tres momentos subjetivos en la historia de los cuidados de sí. Los cuidados del corazón surgidos en la antigüedad grecorromana; los cuidados del espíritu surgidos en la Edad Media y la modernidad cartesiana, y por último, los cuidados del único, de la particularidad, entendida como una figura antropológica que sustituye al hombre en tanto entidad surgida de los productos mentales en la cultura occidental.

            La crítica filosófica de Stirnes deja sin fundamento al concepto de persona, surgida en la antigüedad, como una figura de procedencia artística que caracterizaba o personificaba a las emociones. En este sentido, los cuidados de sí consigo, estaban orientados a partir de una farmacopea así como de una dietética de los placeres, ya que el objetivo principal era fortalecer la virtud. Los cuidados de la morada del ser, es decir, del corazón y con ellos los del alma consistían en fortalecer la virtud entendida como fuerza para realizarse en la vida en cuanto guerrero, capitán, gobernador, etc., según la naturaleza de cada persona sin que correspondiera a un concepto universal de naturaleza del hombre como lo elaboró la Edad Media.

            El ideal griego, estético y abstracto, fue sustituido en la Edad Media por los cuidados del espíritu dentro de un orden trascendente que despreciaba el cuerpo y las emociones. Según el orden medieval, el universo estaba concatenado en una cadena de perfección de Dios hacia los seres de inframundo pasando por los seres naturales y el hombre cuya imagen, de éste último, se correspondía con la de Dios (Cassier, 1974: 215 ss).

            El mejoramiento del alma y los cuidados de si, se correspondía con prácticas y valores tales como la piedad, la conmiseración, la caridad y el amor al prójimo. Sin embargo, esta actitud significaba una renuncia a la cual no todo el orden estamental de la Edad Media estaba dispuesto a llevar a cabo, de modo que se crearon instituciones tanto religiosas como seculares entre las que destacaban los monasterios y conventos, cofradías y los leprosarios. Las labor piadosa de los monjes y monjas dio origen a prácticas de asistencia a desvalidos, condenados, parturientas y diversos oficios sagrados para la extremaunción y rituales de excoriación.

https://blog.uchceu.es/enfermeria/la-enfermeria-y-las-enfermeras-vistas-por-edvard-munch-autor-de-el-grito/

            En otro sentido, las prácticas de rituales religiosos y los cuidados del cuerpo se encontraban indisolublemente unidad en una concepción psicológica dualista que se daba entre la bondad y la maldad de la realidad medieval, que confluía con el desarrollo del alma y el nacimiento del espíritu de Cristo en los hombres.        

            A este respecto, la crítica epistemológica que realiza Stirner consiste en que solo los productos de la mente, de la abstracción, son sujetos de cuidado, como lo es la persona y posteriormente el concepto del hombre que surge en los siglos XVII y XVIII en la época de la ilustración, mas no el ser concreto como lo es el pronombre posesivo” mí”. Lo que propone este filósofo consiste en una fundamentación del derecho a partir de la figura retórica del único y su propiedad. Desde entonces, la historia de las ideas, a partir de Stirner, será la historia del único, es decir, de la particularidad y no la universalidad abstracta como lo son los conceptos de persona u hombre que son producto de la abstracción mental inoperante en la práctica cotidiana del poder. En otro sentido, lo que sugiere Stirner es que las prácticas del poder han dejado de ser productos de la mente y ahora toman una mudanza inmediata siempre y cuando exista el procedimiento de la autorización y no de un ideal abstracto y sin existencia para la vida concreta.

            La revolución epistémica de Stirner, culmina con la organización de la vida jurídica de las instituciones y las profesiones, puesto que en el modelo epistémico de la particularidad se define por la autorización en todas las prácticas legales y comerciales.  

            Así, el sentido de los cuidados, la salud y su conservación modificarían las prácticas de enfermería, del hospital y la relación de la enfermera con la del médico que había estado subordinada a éste último hasta mediados del siglo XX, en el que la enfermería comienza su fundamentación para lograr la atomización en cuanto disciplina.

            El modelo francés, también parte de una crítica del poder, pero no desde los productos de la mente, sino a partir de ejercicio de poder de las instituciones. Foucault (2001: 97 ss) , en su obra El nacimiento de la clínica, desarrolla el método de investigación que denomina método arqueológico del saber. Foucault analiza el sustrato histórico con el que operaron las relaciones de poder que identificaban las palabras con las cosas, los enunciados con la realidad fenoménica que conformó -en la historia de la cultura occidental- un universo entramado a partir de verdades gramaticales en detraimiento de la vida y su control, que al paso del la historia de los saberes llegó a constituirse en saberes disciplinarios como la medicina, el derecho, la biología  incluso la química.

            De modo que las disciplinas y la verdad que anuncian -en sus cuerpos de creencias- está más cercana a un dispositivo de poder y micro poder que administra la vida y el control sobre lo que no entienden como lo es la locura, la homosexualidad y las patologías. El análisis foucaultiano se lleva a cabo en los periodos históricos de la ilustración hacía la transición de la modernidad hasta la consolidación de las disciplinas involucradas en los cuidados, tales como la enfermería, la medicina, el derecho y la farmacología, está ultima como sucesora de la farmacopea.

            El análisis de Foucault es sistemático ya que hace un contraste a lo largo de la historia clínica para dar cuenta de la institución leprosaria de la Edad Media y su mejoramiento en la atención médica y de cuidados en los hospisiarios basados en valores como la caridad, la piedad, el amor al prójimo que habían desarrollado las diversas órdenes religiosas, por lo menos cuatro siglos antes de la Francia despótica e imperial (Foucault, 2015: 35 ss).

            A partir de la evolución del hospiciario en pabellones independientes entre sí, se arrojan las premisas racionales para separar a los locos, los homicidas y violadores, así como a los enfermos infecciosos, las parturientas, los huérfanos, los condenados al caldazo y las cámaras mortuorias, que precisaban de una organización administrativa que diferenciaba los cuidados referidos a cada una de las categorías correspondientes a los pabellones, así como los tratamientos y procedimientos de residencia y alta en los hospiciarios franceses que se organizarían, según Foucault, en saberes disciplinarios, como el derecho, la medicina y los cuidados del alma que aún pervivían en las órdenes religiosas encargadas de la atención y asistencia a los infortunados residentes.

            Al cabo de la evolución del hospiciario hacia la administración del hospital organizado en saberes disciplinarios, tras un proceso de credencialización y certificación estatal, se conformó toda una micropolítica de poder sobre el cuerpo, en el sentido de que el cuerpo terminó siendo una región absolutamente juridizable en cuanto que ya no hay una región del cuerpo que no esté sujeto a un práctica legista en cuanto a su tratamiento, intervención y recuperación.

            De modo que el castigo del cuerpo, que se practicaba en público en la antigüedad y la Edad Media en forma de espectáculo, ahora en la modernidad, estaba sujeto al ocultamiento en los hospitales, pabellones psiquiátricos y cárceles como parte de la instrumentación de políticas correctivas y de saneamiento que decidirán la conducta mental sobre el objeto de investigación, en cuanto modelo de paciente propia de los siglo XIX y mediados del siglo XX.

            Para Foucault, la biopolítica y los dispositivos del micropoder se ejercen en la vigilancia del cuerpo, así como la didáctica del castigo que se ejerce sobre el cuerpo pero desde la subjetividad de saberes conformados en las disciplinas, que están reguladas por el Estado.

            Como nota marginal, el análisis arqueológico del saber en el que Foucault centra las críticas del biopoder corresponde al desarrollo y transición del Estado absolutista hacia el Estado antropomorfo y soberanista que aún no basa su fundamento den el Estado de Derecho y el derecho convencional internacional de los derechos humanos que suscriben las política públicas de cada nación con el objetivo de mejorar las prácticas de asistencia y cuidados médicos.

            Por el contrario, el modelo anglosajón, es menos teórico y más práctico e incluso no prescinde de las políticas públicas, de modo que es un modelo netamente empírico a diferencia del modelo alemán que es racionalista por excelencia y el modelo francés que no solo es racional sino que acude a la historia real para someter a crítica las prácticas epistémicas a lo largo de la historia de los modelos disciplinarios como la medicina y el derecho.

            Por su parte, los anglosajones suelen narrar la historia a partir de eventos y paradigmas que modifican las prácticas legales. Así, el descubrimiento en el siglo XIX del mudo de los microbios, así como época de la segunda Guerra Mundial y la adopción de los derechos humanos como parte de una cultura estandarizada en los procedimientos y protocolos legales en medicina, definen las nuevas relaciones entre enfermera, hospital y médico como un todo en la fundamentación de la profesión de enfermería.

            La visión anglosajona  de corte empirista rara vez es crítica a nivel de las categorías lógicas, más bien es una actitud remedial frente a la profesión y los alcances que la llevan a la autonomización desde un orden institucional. Por lo que la hace una visión sumamente difundida por la academia, puesto que se apega al orden institucional requerido, dejando de lado la sociología y las valoraciones éticas y estéticas, ya que se apega a un orden jurídico y económico vigente.

https://es.wikipedia.org/wiki/Florence_Nightingale

             Tras el descubrimiento del microcosmos de los microbios en la época victoriana el cuidado prestado por las mujeres conocidas como damas de la lámpara, fue necesario implementar mejoras en los conocimientos y destrezas requeridas en el oficio de cuidadoras, puesto que este descubrimiento impactó al grado de crear un modelo teórico de enfermería, en el cual el medio ambiente afecta el estado de salud. Las administraciones hospitalarias, tanto privadas como públicas, tomaron enserio la profesionalización de la labor de cuidadoras, que hasta entonces había estado subordinada a las órdenes religiosas, a las matronas e incluso a mujeres que se ganaban el sustento propio sin ninguna instrucción más que la vocación y el carácter de asistentes solicitas en las funciones de aseo y cuidado a personas con solvencia económica.

Por el contrario, el nuevo paradigma científico del medio ambiente , exigía una actitud de conocimiento, más allá de la piedad y los cuidados femeninos. Requería una certificación que validara los conocimientos solicitados para las nuevas condiciones de salud y cuidados.     

            De modo que el reto que se presentaba a las autoridades sanitarias consistía en instruir en habilidades y conocimientos a las nuevas generaciones de cuidadoras que tomaran en cuenta el medio ambiente como un factor de salud que había sido descuidado por las épocas pasadas como factor de recuperación de salud. (Leddy & Pepper, 1989: 4 ss).

            La transición que vivió la mujer de ser una cuidadora solicita, solo con habilidades de vocación de mujer a ser reconocida como enfermera con una instrucción a partir del diplomado hasta la licenciatura, se llevó a cabo tras la carencia de este tipo de servicio en los hospitales privados y públicos ocurrida en la Segunda Guerra Mundial, en donde las cuidadoras, soldaderas y religiosas fueron absorbidas por los servicios militares de medicina que requería el momento, tanto en los campos de batallas como en las ciudades bastión y de resistencia.

            A partir de este hecho, a propuesta de los hospitales, lo mismo que los gremios de los médicos, propusieron la creación de la carrera en estudios de enfermería que se apegaba a las necesidades tanto de hospitales como de los médicos y menos aún a la autonomización de la profesión de enfermería. Así, hasta mediados del siglo pasado, se mantenía un modelo de enfermería basado en la obediencia de las órdenes del médico que aplicaba en los tratamientos, en el registro del pulso y la temperatura y ensañaban higiene al paciente y su familia.

            Como medida de resistencia, frente a la élite educativa de la formación de los médicos y del hospital como patrón, la enfermería constituiría una base de poder  independiente de la medicina, de los médicos y los hospitales, que hasta entonces habían subordinado la profesión, sin que desarrollara por sí mismas sus bases filosóficas propias y su desarrollo científico. Esto último lo logó conformando gremios y asociaciones con toda una filosofía y bases epistémicas que le han permitido, hasta cierto punto el desarrollo de posgrados para elevar su nivel de certificación.

            En cuanto al desarrollo de los derechos humanos, la profesión de enfermería tiene una comunicación más amplia a través de la divulgación de revistas científicas, congresos y conferencias internacionales que están rescatando los saberes tradicionales e incorporarlos a los ciclos biológicos naturales de cada región y cultura de un mundo globalizado, en donde la medicina occidental ha sido cuestionada por los métodos de comercialización basados en una tecnociencia que ha estado devastando al planeta en los últimos cien años. (Aguilar, 2019: 105).

Conclusiones.

            La fundamentación de la filosofía de la enfermería se comprende desde un orden diacrónico, no obstantes las categorías éticas como lo son lo cuidados de sí, la conmiseración, la caridad siguen estando presentes y rara vez son cuestionadas, más bien lo que vemos como objeto de análisis crítico son los valores epistémicos y su alcance en las prácticas de poder, en este sentido la enfermería como profesión da cuenta de un saber que se ha abierto paso tras la subordinación de las disciplinas como la medicina y el derecho que han encarnado en el patrón hospital, correspondiente a un modelo heterónomo como el pater legibus que ordena todo en jerarquías y reconocimientos.    

Bibliografía.

BACHELARD, G (2009). La filosofía del no, Buenos Aires: Amarrourtu.

CASSEIER, E (1974). El mito del Estado, México: F.C.E.

CORNMAN cor (1990). Introducción a los problemas y argumentos filosóficos, México: UNAM.

ECHEVERRÍA, J (1995). Filosofía de la ciencia, Madrid: Akal

FOUCAULT, M (2001).  El nacimiento de la clínica, México: Siglo XXI.

                             (2015). Historia de la locura en la época clásica, México: F.C.E.

GARCÍA MORENTE (2000). Lecciones preliminares de filosofía, México: Editores Mexicanos.

LENDDY & PEPPER (1989). Bases conceptuales de la enfermería profesional, New York: Harper.

MORIN, Edgar (1993). El Método. Naturaleza de la naturaleza. Madrid: Cátedra.

STIRNER, M (2014). El único y su propiedad, México: Sexto Piso. 

Revistas Científicas

AGUILAR (2019). “Diálogo, interciétifico y ciencia pluricultural” en Ciencia y Filosofía, vol. 3, núm. 2, pp. 105-107.   

Programa de Estudios de la licenciatura en Enfermería. 

http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1132-12962011000100008  

http://www.enfermeriadeurgencias.com/images/archivos/RECOMENDACION3.pdf

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *